lunes, marzo 23, 2009

LA JUSTICIA COMO TEMA Y META.



















La nueva película de Clint Eastwood, Gran Torino, es, o mejor, sigue siendo, una fantástica y brillante variante del tema que ha ocupado casi toda la carrera de Eastwood como actor y director. El personaje que ha creado, y en el que ha decidido creer durante más de cincuenta años, es el de un “outsider” con un insobornable sentido de la justicia. En Gran Torino estamos viendo al Jinete Pálido y a Harry, el Sucio, y comprobamos que con 78 años, Eastwood no ha perdido ni un gramo de presencia, de elegancia, de personalidad, ni de credibilidad. De hecho impresiona más que nunca ver su rostro cuarteado, sus afilados ojos y su fibrosa figura donde no queda lugar más que para lo esencial.
Mañana cumplo años y cada año que pasa me reafirmo en la idea de que cuando sea mayor, más mayor, quiero ser como Clint Eastwood. Lo que espíritus indomables y creadores como él aportan a nuestra cultura, es que nunca hay que olvidar que siempre habrá un héroe dispuesto a hacer frente a aquellos que utilizan la violencia para imponer su voluntad. El héroe “Clinteastwoodniano” está dispuesto a enfrentarse con cualquier tipo de malhechor y demostrarle que por muy “cool” que crea ser, por muy investido que crea estar del oscuro glamour que irradia su maldad, él, ya sea como policía, como vaquero o como octogenario intransigente, es aún más “cool” que todos ellos. Nadie excepto él tiene la última palabra porque a pesar de ser un rebelde excluido del entramado social, una figura solitaria sin vínculos con el resto de los mortales, porta en su persona la infalibilidad de lo que está bien hecho. Sus intereses no son partidistas. Ni siquiera está del lado del débil porque sea débil, si no porque en última instancia la justicia es dar a cada uno lo suyo. Y la mayoría de las veces, el que tiene razón no puede o no sabe defenderse y necesita que el héroe, que es imparcial y no desea más que ser él mismo, haga el trabajo de dios y restablezca el Orden.

Ese héroe, como ocurre en El Jinete Pálido, (y también en Gran Torino), es un milagro que aparece cuando una adolescente arrebatada de rabia ante los estragos que una banda de forajidos está ocasionando en su poblado, pide en sus rezos que Dios les envíe ayuda. Eastwood aparece investido del misterio que emana su presencia y nada importa que sea un predicador. Cuando se da cuenta de que las palabras y la razón no son suficientes para detener a los asesinos, se quita el alzacuellos y va a recoger sus pistolas, los únicos argumentos que entienden las bestias. En casi todas sus películas nos recuerda que el justo no tiene porque renunciar a la fuerza cuando todas las otras posibilidades se han agotado, si por medio de esa fuerza es posible restablecer la justicia. Nos recuerda que el justo es justo, pero no imbécil.
Es cierto que en Gran Torino la violencia no se considera el último recurso y que prefiere sacrificarla junto con su persona, pero hay que entender que la edad nos hace más sabios y menos impetuosos y que llegado cierto momento nos damos cuenta de que es verdad eso de que la violencia engendra violencia. Pero incluso aquí, prevalece la idea de que el héroe no tiene nada que perder, ni siquiera cuando lo pierde todo, porque su razón de ser no es siquiera su vida, si no el ideal de la vida. Sus personajes son siempre seres individualistas, alejados de su origen y familia, que recorren el mundo solitarios, con las cosas claras y sin miedo a poner a cada uno en su sitio.
No quiero siquiera pensar en todo lo que perderemos cuando Eastwood muera. Ya no quedan muchos como él, que hayan vivido tanto, visto tanto, creado tanto, y que después de toda una vida sigan demostrando con tanta maestría que no sólo es posible conservar nuestras metas y temas de juventud, si no que es nuestro deber perfeccionarlos y aportarles con cada paso que damos y con cada año que cumplimos el tratamiento que como sueños que son, merecen.

jueves, febrero 19, 2009

UN REGALO ÚNICO


Hace unos días unos amigos nos hicieron un regalo espectacular. El coreógrafo Rafael Bonachela, desde hace unos meses director del teatro de danza de Sidney, director de la compañía BDC, además de coreógrafo de Kylie Minogue, Tina Turner, Primal Scream, etc, está montando una pieza nueva y como su vida es una sucesión de fantásticas coincidencias creativas, conoció a Ezio Bosso, un compositor de origen italiano, ciudadano del mundo, que parece salido de un retrato romántico del siglo XVIII. Ezio acababa de trasladarse a Londres desde Nueva York donde ha vivido varios años. Se conocieron y comenzaron a crear juntos. Rafael necesitaba música para su nueva pieza y Ezio compuso Oceanía, una sinfonía que ha grabado hace sólo unas semanas con la filarmónica de Turín.
Todos estábamos ansiosos después de que Rafa nos dijera lo fantástica que era la obra, lo excitado y nervioso que estaba ante el reto que tenía delante. ¡Ezio había creado una sinfonía para él! ¿No es alucinante que alguien componga una sinfonía para ti? ¿Qué te la entregue para que tú crees otra forma de arte? A mí estas cosas me fascinan.
Bueno, pues en uno de sus viajes relámpago a Londres, Rafa reunió a unos pocos amigos, éramos ocho en total, y Ezio y él nos invitaron a escuchar en exclusiva la sinfonía, acompañada de champán y una riquísima cena italiana.
La casa de Ezio es una mansión de estilo Gótico victoriano en el este de Londres. Su aspecto es imponente. Londres está lleno de mansiones, manors, edificios victorianos, georgianos, eduardianos, nosotros mismos vivimos en una casa victoriana de 1800 y algo. Pero la casa de Ezio parece sacada de una película de Tim Burton. La plaza en la que se encuentra fue bombardeada durante la segunda guerra mundial y de lo que debió ser un reducto gótico, hoy sólo queda una hilera de mansiones rodeada de casas de protección oficial sin demasiado encanto. En medio de la modernidad más práctica se levanta esta sucesión de fabulosas y anacrónicas construcciones con torreones, porches almenados, chimeneas interminables y cristales emplomados.
La experiencia fue desde el principio un regalo para los sentidos. Comenzamos con el champán y los aperitivos españoles. Uno sólo puede apreciar este detalle si lleva más de tres años viviendo en Londres. Ezio, que no sólo es un excelente compositor, si no que además cocina de muerte, nos preparó una deliciosa pasta con patatas y judías verdes al pesto, algo que ninguno habíamos probado antes. La cena fue, como siempre son nuestras reuniones, una ocasión ruidosa y enérgica, en la que compartimos, cada uno desde nuestro terreno profesional y personal, visiones distintas, complementarias, opuestas y semejantes pero siempre interesantes, acerca de los mil temas que surgen a velocidad de vértigo. Después de la cena, los postres y los maquiatos pasamos con nuestras copas a uno de los salones donde Rafa e Ione, que es fotógrafa y una de las personas más alegres y deliciosas que conozco y de la que también me precio de ser amiga, habían encendido decenas de diminutas velas por toda la habitación.
El ambiente del cuarto, de techos altos, amplios ventanales y paredes empapeladas con elegantes rayados verticales era mágico, antiguo casi. No costaba imaginar cómo habría sido una velada de similares características en la Viena de Mozart o en el Versalles de María Antonieta. Nos acomodamos como gatos siameses en los sofás, el suelo y sobre mantas junto a la chimenea, mientras degustábamos dulces porciones de Baklaba con el champán a la luz de las velas. Antes de escuchar cada movimiento Ezio nos explicaba qué había detrás de la música. Allegro, Allegro ma non tropo, Scherzo… Impresionante. La música es la forma más elevada de arte, la que mejor y con más profundidad llega al corazón y que con más puntería conjura nuestras emociones.
Con Oceanía, todos juntos nos embarcamos en un viaje hacia lo esencial de la vida. Su notas épicas hablan de esas verdades hermosas y terribles que no tenemos más remedio que afrontar cuando estamos vivos. Hablan de cómo las olas y los vientos azotan nuestras metas e ilusiones y como el navegante, cada uno de nosotros, debe luchar contra la marea y la tempestad sin perder el rumbo, sin dejarse amedrentar por la magnitud del encrespado mar que se extiende ante sus sueños. Oceanía es el viaje apasionado y cuerdo, vibrante y lleno de coraje que a todos nos gustaría recorrer en nuestras vidas.

Haber podido disfrutar de semejante regalo es un lujo. Pero la noche no terminó ahí, después de la sinfonía, Ezio interpretó con su cello, que es un voluminoso cuerpo de madera del año 1726, impregnado de tiempo y sonidos del pasado, varias piezas compuestas por él, preñadas del estremecimiento que sólo puede exhalar de un cello.
Mientras escuchábamos, bebíamos, reíamos, charlábamos y sentíamos, Ione tomaba fotos con su tercer ojo, captando nuestras impresiones, apresando el instante efímero y convirtiéndolo en eterno. Magia pura. Sus fotos, aparte de mi documento escrito, son otra forma de apresar la ocasión y gracias a ella será todavía más difícil que la experiencia se pierda en nuestra memoria.
Rafael se ha vuelto a Sidney y ahora está allí, en la otra punta del mundo, forjando movimientos con la música de Ezio, creando con cuerpos humanos una respuesta al fabuloso regalo que ha recibido. Para Francisco, Anny, Ramón y el resto de los que estábamos allí, haber sido participes de algo tan bello es un regalo único. Gracias Rafa, gracias Ezio.

miércoles, enero 21, 2009

LA CORONACIÓN DEL REY ARTURO.










(¿QUIÉN DICE QUE YA NO EXISTEN LOS HÉROES?)
Ayer vi en directo la toma de poder de Obama con el corazón agitado, embargada y contagiada por el entusiasmo, que es el único contagio que no me repele. Con los ojos henchidos de mitología y siempre atentos a descubrir un retazo de épica en nuestra modernidad, disfruté de unos de los eventos históricos más emocionantes que he vivido, que hemos vivido.
La puesta en escena fue espectacular y en algunos momentos parecía que estábamos contemplando un cuento de hadas de los que leíamos de pequeños, o la coronación de un rey-héroe medieval, con trompetas, banderitas y redoble de tambores, con todas las personas importantes del reino invitadas a palacio, incluso la bruja Bush y compañía, que aguantaron el tirón y la vergüenza de encontrarse frente a la aclamación mundial del querido y ansiado héroe.
Ayer, el mundo entero y en especial Estados Unidos estábamos atentos a un hombre, que hace tiempo abandonó la condición de mortal y entró en el terreno mítico por derecho propio. Y estábamos atentos porque a pesar de lo que pensemos necesitamos creer y que nos recuerden que ser mejor es posible. Hace mucho tiempo que nadie hablaba, sin miedo a ser tachado de idealista e ingenuo, sobre los valores y el poder de la imaginación, sobre la grandeza y lo que cuesta ganarla. En Europa creemos que todo está dicho y hecho y que tener esta clase de ideales es infantil y absurdo. Y como la realidad la escogemos nosotros quien crea eso, así será para él sin duda.
Pero para quien crea que es posible que las cosas cambien, ahí está el héroe investido de idealismo, dispuesto a conducirnos al centro de nuestra propia valía. Porque lo que Obama lleva haciendo desde que comenzó su meteórica carrera es despertar conciencias, animar a los desanimados, resucitar a los muertos morales y eso tiene mucho merito. La aclamación mundial que ha conseguido no es sólo porque él imprima confianza, si no porque despierta la confianza en nosotros, no es porque él represente la esperanza, si no porque nos hace sentir que la esperanza aún está viva, no es porque esperemos que mueva una varita mágica y todo vaya a solucionarse, si no porque con sus palabras ha devuelto el protagonismo al ciudadano, al ser humano, y le ha colocado delante su capacidad de elegir y el regalo de volver a verse a sí mismo renovado, sin ideas preconcebidas y roles prejuzgados.
Lo que más me impresionó, quizá porque es un tema que estoy tratando ahora en Heroica, mi nueva novela, fue cuando habló de que nuestros retos pueden ser nuevos pero los valores de los que depende nuestro éxito son lo más viejo, son la Verdad. En un post que escribí hace unos meses titulado “El sueño imposible” hacía referencia precisamente a eso. Nosotros y nuestras necesidades, nuestros conflictos y miedos son pasajeros como lo somos nosotros, pero los valores permanecen a través del tiempo, inmutables y perfectos. Sólo tratando de alcanzar esos valores en nuestras efímeras vidas podemos saber lo que es la eternidad y con ello, hacernos participes y creadores de la grandeza.



viernes, noviembre 21, 2008

¡RALPH WALDO EMERSON!

(Tumba de Ralph Waldo Emerson en el cementerio de Sleepy Hollow)
Ralph Waldo Emerson es uno de mis autores preferidos. Sus ensayos son anfetamínicos. Leerle provoca siempre un elevamiento del espíritu, del ánimo, proporciona alegría, seguridad en uno mismo, confianza en el mundo, otorga esperanza acerca de lo posible y confirma lo imposible. Si existe algún autor con propiedades curativas, regeneradoras y liberadoras es Emerson. Para Europa es un autor casi desconocido pero en Estados Unidos es el padre de lo que llamamos el sueño americano. Emerson conforma el ideal de superación, de posibilidad de cambio, de autoconfianza e individualismo que impregna a los estadounidenses, que no lo olvidemos, son los descendientes de todos aquellos europeos que, hartos de la rígida estructura de clases, de la imposibilidad de conseguir prosperar si no se era hijo de alguien, emigraron a un país libre o casi libre de jerarquías.
Emerson es conocido como representante del trascendentalismo y en sus libros escribe frases como esta: “Si un hombre está en su lugar será constructivo, fértil, magnético” Leer una frase así conduce inevitablemente a la pregunta ¿Cuál es ese lugar? ¿Cómo sé si estoy en mi lugar, si de todos los lugares de la tierra, de todas las posibilidades de ser y estar que existen, yo, estoy en la que me corresponde? Otra línea de pensamiento para llegar a una respuesta sería preguntarse ¿Soy constructivo, fértil, magnético? Si la respuesta es Sí, quiere decir que estamos en nuestro lugar, pero si es No, volvemos a encontrarnos con la duda. Y entonces podemos plantearnos ¿Dónde sería yo constructivo, o fértil incluso magnético? El lugar por supuesto no es sólo espacial si no que se refiere a un estado de ser en el que nuestras capacidades, todo aquello que es rico, útil y valioso en nosotros tienden a florecer y desarrollarse. El trabajo de autoexploración y autoconocimiento que surge de leer semejante frase es fascinante. Obliga a mirar hacia dentro, a vernos y a trabajar. Con Emerson siempre se trabaja, así es que aquellos que no estén interesados en sí mismos es mejor que no se acerquen a sus libros.
Otra frase fantástica: “Nos tomamos muchas molestias para acechar y atrapar lo que por si mismo caería en nuestras manos”. Esto es tanto como admitir que existe un destino para cada uno y que a veces no nos damos cuenta de que sólo podemos poseer aquello que nos pertenece legítimamente. Invita a la relajación pero también despierta dudas acerca de qué es aquello que nos pertenece y cómo saber si lo que deseamos es legítimo o no. Porque por supuesto lo más difícil es admitir nuestras propias limitaciones y saber qué es lo que nos define, qué es lo que sabemos hacer mejor, qué es lo que realmente queremos de la vida, cuánto esperamos de nosotros y cuánto estamos dispuestos a trabajar para ser merecedores de lo que deseamos.
Otra frase: “Pensar es recibir” ¿Recibir? ¿De quien? Emerson cree que de Dios. Yo también.
Otra impresionante. “Tan pronto como el hombre es uno con Dios no necesita suplicar. Cada acción será una oración”. Esta es una frase que adoro y que tiene su origen en la máxima de los monjes Benedictinos: “Laborare est orare” Significa: Trabajar es rezar, y para mí quiere decir que todos tus actos deben ser una oración. Rezar no es hincarse de rodillas y pedir algo, es más bien procurar que cada cosa que hagas lleve en sí la intensidad, la concentración y la voluntad que una oración requiere. Es convertir tu vida en una sucesión de actos sagrados. Admitir que tu destino está ligado a quien eres y por tanto a lo que haces con tu tiempo y con tu vida.

viernes, octubre 10, 2008

MONEY MAKES THE WORLD GO AROUND?





El dinero no compra la felicidad, es cierto, pero puede alquilarla por tiempo indefinido.
Si el sistema financiero está en crisis quiere decir que está vivo. It's alive! Es sorprendente observar cómo algo tan material puede a la vez ser tan orgánico. Lo que está ocurriendo me recuerda a la historia de Frankenstein, un ente que a pesar de haber sido creado por el hombre, según sus leyes y convenciones, comienza de pronto a respirar, moverse y enloquecer ante los atónitos ojos de su creador. De pronto el ser creado es autónomo y tiene necesidad de actuar por su cuenta, de enfermar y armar lío, simplemente para demostrar que está vivo. Quiere que sepamos que es libre y capaz de crear estados de realidad.
Quizá es la reacción natural de toda criatura creada. A fin de cuentas ¿no hemos hecho nosotros lo mismo ante nuestro Creador? ¿Sublevarnos y revelarnos, patalear e imponer nuestras leyes?
Lo que esto demuestra es que entre ser y tener, el ser vivo siempre elige Ser. Somos, por tanto, menos materialistas de lo que creemos. Y así, visto lo visto, no es demasiado absurdo afirmar que incluso el dinero es menos materialista de lo que habíamos pensado.

Y ahora, unos divertidos minutos musicales de calidad sublime. Porque no todo en la vida es
MONEY!

martes, mayo 27, 2008

EL SUEÑO IMPOSIBLE





En mi constante búsqueda de piezas heroicas mi héroe favorito, Francisco Lorca, me descubrió hace tiempo este anuncio de Honda en el que en apenas dos minutos está comprimido un mensaje de resolución, idealismo y vigor. La letra de la canción, que transcribo al final, pertenece a la banda sonora de la película de Arthur Hiller, El hombre de la Mancha, protagonizada por Peter O'Toole y Sophia Loren.
Don Quijote es el primer héroe moderno. En su novela, Cervantes, presenta lo heroico como locura, como una empresa imposible y anacrónica que sólo puede sobrevivir como ficción en los libros de caballería. Ya entonces, (la novela se publicó en el año 1605) estaba fuera de lugar creer en valores como el honor y el coraje, o atreverse a soñar con una vida en la que el deseo de aventura, la aristocracia del espíritu y la lucha por un destino propio fueran el motor de nuestra existencia. Esa creencia no afectó ni afecta en nada a la esencia del ideal. El ideal, que es lo eterno, lo que permanece a través del tiempo y las modas, continúa en su pedestal, en ese espacio intangible que pertenece a los sueños. Que prefiramos mirar hacia otro lado y sonreír con ironía cuando se habla del espíritu heroico, que llamemos “haber madurado” a haber perdido la capacidad de soñar o de desear con todas nuestras fuerzas llegar donde una vez creímos estar destinados, es triste sólo para quien quiere convencerse de que no existe otra forma de ser y de estar en el mundo llegados a cierta edad. Pero que “esos” sepan ante todo, que su posición no es moderna, que no es consecuencia de más inteligencia ni de más profundidad, que no crean que han alcanzado una verdad que los que aún seguimos soñando no podemos comprender. Muermos y cobardes, amargados y pobres de espíritu han existido siempre. Es el miedo al fracaso lo que conduce a los hombres al escepticismo. Y como todo en la vida, el escepticismo es una elección. Han escogido la opción más fácil y cómoda: renunciar a intentarlo hasta el final. No saben que todos tenemos miedo al fracaso. Todos. Y que es la decisión de cómo afrontar ese miedo lo que nos diferencia. Mantenernos vivos hasta el final depende de nosotros.
Este pequeño nutriente publicitario es para los que creemos que aspirar a lo heroico no sólo no es un sueño imposible, si no la meta que debe mover y alimentar nuestros actos.
Disfrutarlo con todos los sentidos para sacar el mayor provecho de esta merced, que diría El Quijote. Porque cuando aprendes a ver y a oír y dejas que el entusiasmo te penetre, te das cuenta de que eres tú quien decide a cada segundo quién quieres ser. Y entonces descubres que eres invencible.
Invencible.

The imposible dream. "El sueño imposible"

To dream the impossible dream (sonar el sueño imposible)
To fight the unbeatable foe (luchar contra el enemigo invencible)
To bear with unbearable sorrow (soportar con pena insoportable)
To run where the brave dare not go (correr donde los valientes no se atreven)

To right the unrightable wrong (corregir lo que es imposible corregir)
To love pure and chaste from afar (amar lo puro y casto ante todo)
To try when your arms are too weary (intentarlo cuando tus brazos están demasiado cansados)
To reach the unreachable star (alcanzar la estrella inalcanzable)

This is my quest (esa es mi misión)
To follow that star (seguir esa estrella)
No matter how hopeless (no importa que no tenga posibilidades)
No matter how far (no importa lo lejos que esté)

To fight for the right (luchar por lo que está bien)
Without question or pause (sin dudas ni pausas)
To be willing to march into Hell (estar dispuesto a ir al infierno)
For a heavenly cause (por una causa celeste)

And I know if I'll only be true (y sé que si fuera fiel)
To this glorious quest (a esta búsqueda gloriosa)
That my heart will lie peaceful and calm (mi corazón descansaría en paz)
When I'm laid to my rest (cuando yazca en mi tumba)

And the world will be better for this (y el mundo será mejor)
That one man, scorned and covered with scars (cuando un hombre, desdeñado y cubierto de cicatrices)
Still strove with his last ounce of courage (luche hasta su último aliento)
To reach the unreachable star! (¡para alcanzar la estrella incanzable!)

(La voz que al final dice: “I couln’t have put it better myself” es la de un ya anciano Peter O’Toole que cantó esta misma canción cuando interpretó a un Quijote todavía fiel a sus sueños. O’Toole dice: “Yo no habría podido expresarlo mejor”

martes, enero 08, 2008

PREGUNTAS PARA EL ÑUEVO AÑO


Feliz, 2008, lectores asiduos y Feliz, 2008, nuevos lectores.

Este año ha comenzado envuelto en preguntas. Preguntas que están suspendidas en la mente de todos y para las que algunos de vosotros tenéis respuesta. Si es así aquí podéis iluminar el mundo con vuestra visión. Si algo necesita el mundo es luz.
Esta es la pregunta:
¿Y si el arte, todo el arte no fuera más que una evasión de la conciencia? ¿Un instante que nos saca de nosotros y nos hace olvidar nuestro presente, como pueden hacerlo el amor, el sueño o la muerte? Construimos y visitamos edificios para albergar obras de arte y observar un cuadro. Compramos un libro para leer algo que jamás ha sucedido, ni sucederá. Pagamos una entrada para escuchar un sonido. No cualquier sonido, notas, tonos especialmente modulados, hilados para producir deleite.
¿Pero por qué nos produce deleite el arte? ¿Con qué nos conecta? ¿Qué nos aporta? Cuando salimos del libro o del museo, la vida sigue igual de desdichada para el desdichado y de feliz para el alegre. ¿Qué hemos incorporado a nuestro ser en esa experiencia? ¿Con qué nos vamos de más cuando abandonamos el concierto, cuando cerramos un libro, cuando salimos del museo? ¿Es algo que deja huella? ¿acumulativo? ¿algo que reposa en alguna parte de nosotros? ¿O es simplemente un instante que brilla y luego se desvanece dependiendo de la sensibilidad de cada uno?
¿Es presente lo que nos aporta el arte? Tal vez sea que nos sitúa fuera del espacio-tiempo real y nos coloca en un espacio-tiempo hecho a medida de cada uno. Nos hace dueños de esos términos y por tanto recrea el contenido, es decir a nosotros o nuestra apreciación de nosotros mismos. Porque dentro de la verdadera obra de arte nosotros somos el contenido. La forma es lo que el artista utiliza a modo de espejo, pero es un espejo como el de la madrastra de Blancanieves que siempre nos da una imagen mejorada de nosotros mismos. Lo que vemos es cómo deberíamos ser y nos libera del “así somos”. Incluso un género oscuro y trágico sirve para apelar al ideal. El horror puede revelar el coraje, la heroicidad, los valores por los que merece la pena vivir.
Un cuadro como, El Coloso, de Goya, que tantas especulaciones generó desde su creación, es para mí un espejo del horror transformado en visión, en premonición. Como si fuera una advertencia, como si el cuadro representara algo que todavía puede evitarse. Porque en el espacio-tiempo del lienzo los horrores que se insinúan aún no han sucedido o están siempre sucediendo.
La Venus de Milo, por otro lado, dirige nuestra sensibilidad a lo eterno, a lo que siempre será bello pase lo que pase. Incluso sin brazos y magullada por el tiempo mantiene la esencia de la serenidad, de la belleza y el ideal imperturbable.
El verdadero arte no es por tanto “fotográfico” sino simbólico. No muestra, anima a interpretar.